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domingo, 28 de septiembre de 2008

Memoria del Paseo de Ayer...

Ayer, camino al sector donde nos sentamos a leer, observamos las hojas de la planta "oreja de elefante" y las palmeras. Se respiraba un aire limpio y puro y el verde claro brillante del césped daba deseos de ir a revolcarse en él. El momento en el que mejor me sentí fue cuando un gatito del botánico se acostó en mi falda. Me daba sensación de paz. Lo único que se veía eran las hojas chocando por el viento y pajaritos. Sentarme al sol a leer me hizo relajar de una manera muy profunda, y el suave pelaje del gato me adormecía junto con el mullido césped.

Alejandra Merkier, 4º.

En la salida al Botánico

Ayer, en la salida al Botánico, recorrimos un caminito lleno de plantas que se tornaban en una especie de túnel; era sombrío, pero a la vez dejaba filtrar pequeños rayos de sol, el follaje de un color verde oscuro…
Saliendo de ese pasaje, encontramos una gran extensión de pasto verde intenso, estaba fresco. Su color era muy vibrante, el sol le daba ese aspecto. Había una temperatura muy agradable, tibia.
El sonido de la calle estaba sutilmente perdido entre la brisa y el choque suave de la copa de los árboles y el cantar de los pájaros. Comúnmente, si atravesás los caminos que pasan cerca de las fuentes, se puede escuchar el movimiento del agua.
Se pasa muy fácilmente del calor al frío, y del frío al calor, cuando caminas por el botánico. Todo depende de si hay mucha o poca vegetación, si es alta o baja.
Cuando salís, es otro mundo…

Julieta Emiliozzi, 4º.

Memoria Emotiva en el Jardín Botánico.

En el día de Ayer, fuimos con la Profesora Eva al Jardín Botánico a leer Poesía. Lugar perfecto para concentrarse en una lectura y sentir realmente lo que el autor quiere transmitir en sus versos.
Recorriendo sus caminos, encontramos un espacio sereno y bello para sentarnos en ronda, leer y escuchar los poemas de los escritores que la Profesora había seleccionado para la ocasión.
Al sentarnos, no sólo nos deleitábamos con la lectura, si no también disfrutábamos de los sonidos de la naturaleza, los pájaros cantando y revoloteando a nuestro alrededor, los murmullos de los niños que jugaban en un sector cercano, el ruido del viento moviendo las hojas de los árboles.
También pude percibir los colores del alucinante día que nos tocó. El verde claro del húmedo y prolijo césped, el verde oscuro de los árboles, el rosado de las flores del lapacho, los distintos marrones de los troncos de los árboles y por supuesto el celeste intenso del cielo con unas pocas y dispersas nubes blancas.
De vez en cuando realmente se necesita parar un poco con la rutina, con el ritmo de la ciudad y “zambullirse” en un lugar como éste, desconectarse del “mundo civilizado” y conectarse con la naturaleza, con sus sonidos, sus aromas, sus colores y texturas, sus vibraciones…
Dalí Sanguine, 4º.